viernes, 20 de noviembre de 2009

Bajo la sombra

Aquel instante fue calmo, apacible, lleno de nostalgia y a la vez de alegría, momento aquel en que descendí bajo el manzo oleaje de la ribera, aquel momento en donde embarcaciones llenas de sueños y de ilusiones, llenas de plátanos y sacos de maiz, de campo, de adentro de las entrañas de aquel largo brazo de agua que emergía bajo el telón azul de aquel cielo iluminado por el gran astro, llegaban bajo el ajetreado movimiento de descargue y cargue de personal y productos de toda clase, de pronto la temperatura corporal desciende bajo el elixir de aquella cerveza helada y que atenuaba sutilmente aquella sofocación producto de la caminata que junto con mi hermano habiamos iniciado desde hace casi hora y media y que culminaba con una silla bajo el techo de zinc de un rústico establecimiento que llaman "estadero".

-hermano me compra el relojito?....mire se lo dejo baratico!
-No gracias amigo en otra ocasión-respondí a aquel vendedor ambulante
-A la orden-exclama la mesera
-Dos cervezas-le dije

Mi hermano me muestra el reloj que el vendedor le propone para la venta
-Se dañan en menos de una semana-le susurré
-Compa todo bien, en otra ocasion-le respondío mi hermano
El vendedor se va con resignación al saber que su estrategia de venta no dio frutos

De pronto, mi óptica apunta con extrañeza a un anciano, que recoje cerca a la ribera todo material que le sirva para reciclar. Bajo su lecho, una improvisada cazucha elaborada en material reciclabe de todo tipo: carton, plástico, botellas y demás, al fondo, la canción vallenata de Luis Mateus "sin ti no hay vida" despertaba en mi hermano y ya bajo los efectos de aquellas cervezas, recuerdos de amores profundos y de instantes dolorosos que constreñían su mente. la figura de aquel geriátrico ser desesperadamente buscando materiales para llevarlos a su humilde hogar despertaba en mi interés y a la vez un toque lastimero, en un instante como en un parpadeo, aparece la pequeña figura de un niño, inocente y travieso, se acerca con algo de temor a aquel anciano y con extrañeza lo observa de pies a cabeza. El anciano algo agotado producto de su labor de recolección, saca de uno de sus bolsillos un pequeño tomate, con una navaja algo oxidada e intenta pelar aquel fruto que calmaría por momentos el hambre que ya empezaba a notarse bajo la brisa vespertina que venía en direccion del otro lado del río.

Giré la vista a mi hermano, levanté mi botella de cerveza y bebí un gran sorbo, miré el gran río y su imponente espejo que reflejaba el otro lado de la ribera

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